Fundación Promete, una apuesta por el talento

Llevo ya unas semanas colaborando como voluntaria con un ambicioso proyecto de la Fundación Promete, que tiene como objetivo desarrollar el talento de los niños en el ámbito extraescolar. En él los niños aprenden algo muy importante: creer en sí mismos y luchar por sus ideas.

Este proyecto, llamado “Mi colegio Promete”, favorece la creación de un espacio seguro, lleno de estímulos y sin límites para la creatividad. En esta actividad extraescolar, los niños, acompañados por profesores, exploran sus talentos y aprenden a resolver los problemas que se encuentran por el camino cuando se lanzan a hacer lo que quieren.

Buscar la pasión 

Se juntan en una misma clase niños de entre 6 y 16 años y se respira respeto, compañerismo e ilusión. Los profesores son más bien “guías”.  Su tarea inicial es preguntar a los niños qué les gustaría hacer, cuál es su pasión, su sueño…. Algo que a mí jamás me preguntaron mis profesores y que considero básico para que los alumnos se conozcan a sí mismos y sepan encaminar su futuro. A mi juicio, se trata de una iniciativa estupenda que cubre una de las funciones básicas de la educación, que hoy por hoy no ejercen los colegios: buscar la pasión.

Mi colegio Promete
Foto de http://www.promete.org.

Resolver problemas y trabajar en equipo

Los alumnos aprenden muchas más cosas de las que creen. Lo primero, a pensar qué es lo que realmente les gusta, qué necesitan para llevarlo a cabo y cómo encontrarlo. Pero también aprenden compañerismo, porque los unos se ayudan a los otros, se dan ideas, apoyo, comprensión… Comparten sus ilusiones y sus aprendizajes. De hecho, al terminar cada sesión, cada uno cuenta al resto sus avances y lo que ha aprendido.

Llevar a cabo su sueño y mostrarlo

La actividad se completa con un Campus, al que acuden expertos de las distintas materias que ayudan a los niños a llevar a cabo sus proyectos. Al final, todo termina con un Show en el que los pequeños exponen ante sus padres, familiares y amigos qué es lo que han hecho, cómo lo han hecho y qué han aprendido.

De esta forma, los niños asimilan por sí mismos todos los pasos que hay que dar para emprender un proyecto (diseño inicial, identificación de problemas, búsqueda de soluciones, apoyo, motivación, comunicación…), pero además aprenden algo muy importante: a creer en sí mismos y luchar por sus ideas. En resumen, es un estupendo entrenamiento para su inteligencia emocional y su inteligencia ejecutiva. Algo que debería de hacerse en los colegios.

Para un adulto como yo, que además es madre, es un lujo poder contagiarme, aunque solo sea un rato, de su emoción, un ingrediente que, según los últimos descubrimientos de la neurociencia, es básico para el aprendizaje. Por eso, llegado este punto, solo puedo decir una cosa más: ¡Gracias!

Si no conoces los proyectos de la Fundación Promete, te interesa este vídeo:

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